Desde la desaparición de la formación a distancia en «Formación en las empresas» al «de cuerpo virtual presente».

En 2014, publicamos «Incremento de la modalidad a distancia: «miedo me da»«. El siguiente año (2015) fue el último año que se permitió seguir bonificando la modalidad a distancia… y que tengamos constancia, este modesto blog poca influencia tuvo en esa decisión 🙂

Se realizaba entonces una crítica a la metodología «…en la modalidad a distancia, se abusa de un exceso de confianza. Dicho de otra forma, es muy, muy frecuente, enviar al alumno un manual, un examen, y ¡las respuestas a dicho examen!. » 

Ahora toca realizar analizar qué pasó después y cómo ha evolucionado la situación. Advertimos que la información añadida a continuación refleja la actividad formativa «gestionada» por FUNDAE, pero no por ello es una información despreciable: hablamos de más de 4,4 millones de participantes formados en España en 2018 y más de 347.000 acciones formativas. Gracias a los datos ofrecidos por Fundae podemos realizar un análisis desde 2004 hasta el momento actual (puedes consultar la fuente aquí). Esta gráfica resume la distribución de modalidades de acciones formativas.

El color amarillo representa la formación a distancia que desaparece en 2016. ¿Qué ocurre después? Pues «casi» lo esperado. Aumenta la formación e-learning (azul claro) y la formación presencial (azul oscuro) pero la formación mixta, se reduce también drásticamente. Es fácil deducir que la formación mixta era un combinado de presencial más a distancia, y no lo esperado por algunos: b-learning (e-learning más presencial)

La formación e-elearning aumenta y todos reconocemos que pedagógicamente tiene grandes ventajas respecto a la tradicional formación «a distancia». Posiblemente hemos eliminado muchas «pillerías», pero seguimos fallando en lo básico (desde nuestra modesta opinión): la falta de pedagogía.

Este crecimiento de la modalidad e-learning o teleformación (este término siempre me recuerda a la televenta) va acompañado de las recomendaciones relacionadas con la modalidad teleformación. En 2016 en un intento de «control» sobre los recursos empleados por los estudiantes se «recomienda» que los alumnos cuenten al menos del 75% de las horas de estudio, que fácilmente se traslada a la modalidad e-learning como horas de conexión. Así de fácil, así de rápido.

No debemos sorprendernos ya que a veces la modalidad e-learning imita hasta tal punto a la modalidad presencial que imita hasta también lo malo. Por ejemplo, obligamos a los alumnos a que vengan a clase (me refiero por ejemplo a la universidad) aunque no atiendan, aunque el docente sea malo, muy malo y aunque todo se limite a estar «de cuerpo presente». No cuidamos la calidad pedagógica, pero si cuidamos que estén…me refiero corporalmente, pues si el docente lee literalmente unas diapositivas y la mente del alumno está en sitios muy lejanos no importa. ¿Cómo trasladado esto a la modalidad e-learning? Pues se nos ocurre que el indicador es el tiempo de conexión. En otras palabras: que el alumno esté, pero da igual el cómo. Aquí se añade la particularidad que el alumno suele hacer la formación e-learning desde casa.

i nos limitamos a cuidar sólo de la conexión dejando atrás la calidad pedagógica puede ocurrir que….

  • al controlar tiempos se desvanece una de las virtudes pedagógicas más importantes de la modalidad e-learning: la adaptación al estilo o al menos al ritmo de aprendizaje de cada persona. Si impera el tiempo de conexión todos somos obligamos a estar al menos el mismo tiempo «conectados».
  • si eres rápido, deberás estar conectado más tiempo repasando… o consultando foros o viendo el futbol, pero conectado (de cuerpo presente). Aquí las altas capacidades o aquellos que, mediante un curso certifican las competencias ya adquiridas no tiene lugar
  • tampoco se diferencia a aquellos que tienen dificultades de lecto-escritura o sencillamente les cuesta «relacionarse» con las TIC y dedican más tiempo.. y eso que hablamos de adultos en educación permanente o continua (aquellos que trabajen con ellos saben interpretar mis palabras)

En definitiva es utópico querer controlar el tiempo en e-learning, como es utópico pretender que las horas se asistencia en presencial se correpondan con horas de atención o con posteriores horas de estudio. Pero si el jefe (la administración) lo pide o recomienda… la solución es fácil y si existe alguna duda deberíamos estudiar la repentina relevancia que tomaron las herramientas de control de tiempo de algunas LMS, por ejemplo aquellas vinculadas a una de las más extendidas: Moodle. Aquí tenemos un ejemplo español.. ¿qué hacen? pues se limitan entre otras cosas a contabilizar registros aplicando diferentes variables… pero seamos sinceros, si yo en clase cara a cara no soy capaz de determinar que tiempo ha estado atento un alumno en una clase de 3 horas ¿cómo hacerlo mediante el PC del alumno cuando está en su casa? ¿No sería más fácil recomendar acciones formativas con criterios pedagógicos concretos como se pedían en la UNE 66181 o similares? ¿no sería más lógico buscar sistemas como los ECTS universitarios?

¿Qué podemos concluir? Lo primero y más importante es que aplaudimos la decisión de quitar la formación a distancia, lo segundo es que aunque se aplaudan los controles, estos deben ir dirigidos a mejorar la calidad pedagógica de las acciones formativas y esta calidad no pasa exclusivamente por saber cuanto tiempo está sentado alguien delante de un PC, como tampoco en presencial se corresponde con el tiempo que el alumno calienta la silla. Ahora que la modalidad e-learning ha tomado un papel protagonista vamos a cuidarla… no vaya a ser que termine como la modalidad a distancia.

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