La neurociencia y la pedagogía «neurodisfrazada»

Foto de Glen Carrie en Unsplash

Entrada dirigida a pedagogos y otros profesionales de la formación.

Se abren nuevos horizontes. Los conceptos mente (pedagogía) y cerebro (neurociencia) están más próximos que nunca. La neurociencia es joven y con gran potencial. La pedagogía está más curtida y experimentada (con más experimentación acumulada). Estás características tan diferentes pueden ser la combinación idónea para ofrecer un gran impulso a los procesos de enseñanza – aprendizaje.

Pero ¡cuidado!, si nos acercamos a la neurociencia a través de diversas fuentes podemos apreciar que vivimos un momento que denomino “neuromoda”. Este momento disfraza grandes mentiras, y alienta a muchos manipuladores a crear confusiones y enfrentamientos entre pedagogía y neurociencia. Muchos de ellos disfrazan de “modernos principios neurocientíficos” lo que en realidad son principios de la pedagogía clásica.

Tratemos algunos ejemplos. A pesar de la percepción limitada y errónea del cerebro que corresponde al Siglo XVII, Comenio, considerado por muchos el padre de la didáctica, afirmaba principios  pedagógicos fundamentales, que algunos disfrazan adecuadamente de neurociencia para mejorar su popularidad. Veamos un ejemplo y que el lector se quede con la cita que le guste más:

  • Según Comenio (Siglo XVII) “Todo lo que a la hora de aprender, produce contento refuerza la memoria.”
  • Según la neurociencia (Siglo XXI): “Todo lo que a la hora de aprender, produce contento refuerza la memoria.”

¿Qué material didáctico pagaríamos más caro? ¿el que se apoya en ideas pedagógicas del siglo XVII o el que se apoya en los últimos avances de la neurociencia?. La respuesta es clara: los «avalados» por la neurociencia. Es más, según confirma Stix (2018) muchos expertos en neurodidáctica intentan evitar las exageraciones con fines publicitarios de los resultados de sus investigaciones.

Y es que después de poner mucha ilusión considerando la neurociencia como un nuevo aliado para mejorar los procesos de aprendizaje, especialmente en personas adultas, he descubierto mucho humo, he tenido que eliminar mucha paja para discriminar quienes quieren sacar partido vendiendo viejas recetas como “neuronuevas» de los avances reales de la neurociencia respecto a los procesos de aprendizaje.

“no deberían ser los neurocientíficos quienes propongan teorías pedagógicas ni soluciones mágicas a los problemas educativos supuestamente basadas en el funcionamiento cerebral, sino que su papel, como mucho, sería el de sostener o justificar las teorías pedagógicas que ya existen”

(Carballo, A. 2019)

Debemos llegar a lecturas más serias que nos llevan a vislumbrar un futuro prometedor gracias al combo neurociencia – pedagogía, y llegados a ese punto advertiremos que queda  aún queda un largo camino por recorrer.

…los estudios en neurociencia no pretenden, ni deben pretender en ningún caso, sustituir las tareas y las propuestas pedagógicas. La neurociencia nos dice cómo funciona el cerebro en cada caso y qué correlación tiene su funcionalidad con las diversas actividades mentales, y la pedagogía desarrolla estrategias educativas adaptadas a las diversas situaciones para sacar el máximo provecho del funcionamiento del cerebro, como ha hecho hasta ahora –pero ahora posiblemente con más datos, puesto que puede utilizar, y debería aprovechar, las que aporta la neurociencia.

(Bueno, D. 2018)

Mientras tanto, seguiremos recibiendo «neuroconsejos» que a poco que analizamos descubrimos que en muchos casos son teorías pedagógicas con siglos a sus espaldas, pero apropiadamente neurodisfrazadas:

“… otro consejo de los neurólogos a los pedagogos: cuanto de formas más variadas se transmita la información, tanto más anclada queda en la memoria a largo plazo”

Cualquier profesional de la formación que lea este consejo entenderá que este consejo no nuevo… es un principio pedagógico básico. Pero la cita sigue así:

“… se aprende con tanta más facilidad cuantos más sentidos intervienen”

Ya sabes, si eres docente y usas la voz, la pantalla o tienes la opción de lograr que alumnos experimenten conseguirás mejores resultados de aprendizaje, tal y como afirmaban entre otros Rousseau, Montessori o Freinet. Estoy seguro que en este punto se entiende la ironía… pero la cita sigue para añadir el lazo a esta afirmación:

«… puesto que las neuronas se comunican por impulsos eléctricos…» (Friedrich, G. y Preiss G., 2018).

Yo cuando doy clases me preocupo optimizar el aprendizaje de mis alumnos, pero como no puedo medir los impulsos eléctricos me conformo con mirar sus caras. Nada neurocientífico, lo admito, pero fundamentado en teoría pedagógicas y experiencia acumulada.

Siendo serios, frases de este tipo describen principios básicos del proceso de enseñanza – aprendizaje que ya han demostrado numerosos autores hace siglos, incluso cuando se atribuía al corazón la facultad de pensar y no al cerebro. Y así se leen y escuchan muchas ideas “neuromanipuladas” que sólo dañan la estupenda relación que debe existir entre pedagogía y neurociencia.

Por lo tanto dejaría la siguiente reflexión:

  • 1º La pedagogía debe considerar la neurociencia como un aporte esencial. Hace 3 décadas ya se afrimaba que la pedagogía estudiaba la mente y la neurociencia el cerebro (Burunat y Arnay, 1987). Gracias los avances recientes, la diferencias entre mente y cerebro se reducen, por lo tanto neurociencia y pedagogía cada vez están más cerca. 
  • 2º La neurociencia se centra en procesos de enseñanza aprendizaje, pero sería erróneo considerar que la neurociencia es la solución al problema educativo, dado que considerar la educación como un sistema exclusivo de enseñanza – aprendizaje es un error grave. 
  • 3º Si a pesar de conocer algunas soluciones al problema educativo (centradas o no en postulados de la pedagogía clásica) hasta ahora los profesionales de la educación no hemos conseguido aplicarlas en siglos a problemas educativos, debemos advertir a los neurocientíficos que tengan presente esta dificultad: no sólo se trata de encontrar la solución, también debemos plantearnos cómo aplicarla para que sea eficaz. Todos sabemos muchas soluciones para frenar el cambio climático: la dificultad está en la aplicación de dichas soluciones. 
  • 4º Debemos pensar que la neurociencia actualmente no es la solución a todos los problemas, pero no lo es especialmente en casos particulares. 
  • 5º La neurociencia utiliza a menudo la experimentación animal, para llegar a conclusiones que me atrevería afirmar que son erróneas o al menos podemos catalogarlas de presuntuosas. Por ejemplo (y es real) colocar unas gafas para que unas lechuzas jóvenes vean el mundo al revés, medir el tiempo de adaptación y después repetir el ejemplo con lechuzas menos jóvenes para comprobar de nuevo el periodo de adaptación y afirmar que como el tiempo de adaptación de las lechuzas menos jóvenes es mayor, concluimos que el adulto (referido a personas) no aprende tan rápidamente como el niño. Esta y otras afirmaciones similares son cuando menos presuntuosas respecto a su aplicación a humanos. Por ejemplo, no estaría muy de acuerdo en este postulado Rita Montalcini, Premio Nobel que afirmaba “A los cien años, tengo una mente que es superior a la que tenía a los 20, gracias a la experiencia”. 

Para terminar, damos un repaso histórico muy superficial de la relación entre autores clásicos y la neurociencia que he encontrado en diversos textos:

Siglo XVI. Erasmo de Rotterdam decía que no debemos sobrecargar a los alumnos de contenidos, a veces menos es mejor y que quien aprende sin miedo aprende con éxito.

Algo que han confirmado los neurodidácticas en 2008: el miedo dificulta al aprendizaje (Westerhoff, N., 2018)

Siglo XVII, Comenio: “Todo lo que a la hora de aprender , produce contento refuerza la memoria.”

La neurociencia dice: cuanto más positivas sean las emociones que desencadena el aprendizaje, con mayor facilidad se almacenará en la memoría … de forma más sencilla (Westerhoff, N., 2018)

SIglo XVIII. Rousseau. Los niños son curiosos por naturaleza, y afirma que lo mejor es que aprendan con problemas concretos extraídos de su mundo de experiencias.

La neurociencia ahora propone que para aprender matemáticas se usen piezas de arquitectura (Westerhoff, N., 2018).

Siglo XIX. Pestalozzi ya adelantaba en el que el aprendizaje ideal era con cabeza, corazón y mano.

La neurociencia afirma que el cerebro conjuga pensar, sentir y actuar

Siglo XX. Vigotsky propone el «habla interna» como herramienta para que el cerebro lleve a cabo sus funciones ejecutivas.

La neurociencia confirma que nuestra capacidad lingüística está compuesta por un gran número de procesos mentales que nos posibilitan la comprensión y la producción de los enunciados lingüísticos.

Siglo XX. Montessori señala que el juego espontáneo de un niño es la escena fundamental para entender como se aprende por iniciativa propia.

La neurociencia nos señala que una atmósfera distendida, confiable, que permita el juego son premisas fundamentales para desarrollar la curiosidad, y la creatividad.

Fuentes para seguir aprendiendo:

Vídeos:

Libros:

  • Bueno i Torrens, D. Neurociencia para educadores. Octaedro. Barcelona. 2018.

Revista Mente y Cerebro. Cuadernos M yC, nº 20, (monográfico) 2018. Barcelona. 

  • Westerhoff, Nikolas. La neurodidáctica a examen
  • Friedrich, Gerhard y  Preiss Gerhard. Neurodidáctica.
  • Herrmann, Ulrich. Bases cerebrales del aprendizaje
  • Stix, Gary. Técnicas para la estimulación del aprendizaje.
  • Sanmartí Puig, Neus y Marchán Carvajal, Iván. La educación científica del siglo XXI: Retos y propuestas

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